Destaca por sus propiedades antihistamínicas, antipruriginosas (alivia la comezón) y antiinflamatorias. El macerado o cocimiento de sus hojas se aplica externamente para calmar sarpullidos, rozaduras e irritaciones dérmicas, mientras que sus flores tienen componentes antioxidantes.
Es concebido como un árbol nodriza y un pilar de la regeneración agrícola local. Su nombre maya alude a la abundancia blanca de sus flores primaverales. Representa la fraternidad biológica, debido a su capacidad para sanar los suelos cansados, fijar el nitrógeno en la tierra y brindar sombra protectora a los cultivos más jóvenes.
Árbol fijador de nitrógeno que mejora la calidad del suelo, ideal para cercas vivas y la restauración ecológica del corredor.